La ley de educación especial le da a los padres derechos reales y exigibles — no sugerencias. Las escuelas están obligadas a respetarlos, pero rara vez se los explican uno por uno. Conocer estos cinco, y usarlos por escrito, puede cambiar todo el tono de cómo se arma el plan de su hijo.
Primero: el derecho a una evaluación. Si sospecha que su hijo necesita apoyo, puede solicitar una evaluación completa por escrito, y su solicitud pone en marcha un reloj legal. La escuela no puede simplemente esperar a ver. Basta con una carta breve y fechada para empezar.
Segundo: el aviso previo por escrito. Cada vez que la escuela proponga o rechace cambiar la evaluación, ubicación o servicios de su hijo, debe explicarle la decisión por escrito — qué decidió, por qué y qué consideró. Si solo recibió un "no" verbal, puede pedir esa explicación en papel.
Tercero: la evaluación independiente. Si no está de acuerdo con las pruebas de la escuela, puede pedir una evaluación educativa independiente con fondos públicos — una segunda opinión de un experto externo, pagada por el distrito. La escuela debe aceptar o defender su evaluación en una audiencia.
Cuarto: la participación significativa. Usted es un miembro del equipo del IEP en igualdad de condiciones, por ley. La escuela debe programar las reuniones cuando usted pueda asistir y brindar un intérprete si lo necesita. Una decisión sobre su hijo tomada sin una verdadera oportunidad de participar es una decisión mal tomada.
Quinto: el derecho a estar en desacuerdo formalmente. Cuando la conversación se estanca, usted tiene vías estructuradas — mediación, una queja estatal o una audiencia de debido proceso — cada una con su propio plazo. Rara vez las necesita, pero saber que existen cambia con cuánta seriedad se toma una petición cordial. Usados temprano y por escrito, estos cinco derechos convierten una reunión desigual en una verdadera colaboración.
Información general y preparación de documentos — no es asesoría legal.
